¿POR QUÉ ES IMPORTANTE SABER
GESTIONAR NUESTRAS EMOCIONES?
Las emociones se pueden definir como respuestas
psicofisiológicas que se desencadenan en nuestro cuerpo en respuesta a
estímulos internos o externos. Es interesante puntualizar que estos estímulos
no tienen que estar situados en el presente, podemos sentir emociones asociadas
o provocadas por estímulos que provengan del pasado o que tengan que ver con el
futuro.
Por tanto, las emociones son reacciones automáticas que nos
permiten adaptarnos y sobrevivir en nuestro entorno. Van y vienen a lo largo
del día, algunas son menos intensas y pasan y otras son más intensas y se
quedan, convirtiéndose en estados de ánimo. Hay tantas formas de sentir
emociones como seres humanos en el mundo. Solemos tener la tendencia y caemos en
la tentación de clasificarlas como buenas o malas, positivas o negativas, saludables
o toxicas. Cuando las sentimos o las consideramos como negativas, inadecuadas o
inaceptables, las evitamos, pensando que vamos a obtener algún tipo de
beneficio ya que dejamos de sentirlas, pero realmente estamos causando la
respuesta contraria, evitarlas solo sirve para esconder y acumular malas
experiencias, que a la larga pueden manifestarse y deteriorar nuestra salud
mental. El problema no es lo que se siente, es la relación que existe entre lo que
siento y cómo actúo. Es decir, la emoción en sí misma no tiene un valor
positivo o negativo, deberíamos hablar o centrarnos en si nos gusta o no sentir
esa emoción y la consecuencia que tiene sobre nuestra vida, es decir si está en
su justa medida. Todas las emociones son necesarias para aprender y avanzar en
nuestro crecimiento como persona y no es malo sentir ninguna de ellas.
Como he comentado, el que sean reacciones automáticas no
quiere decir que sean elementos ajenos a nuestro control, que de repente surgen
y no podemos hacer nada por evitarlos. Aunque no podemos suprimirlas ni
manejarlas a nuestro antojo, si que tenemos cierto margen de maniobra sobre
como reaccionamos ante ciertas situaciones y podemos aprender a gestionar
nuestra respuesta emocional.
Las emociones suelen diferenciarse entre “emociones básicas”,
como el miedo, la sorpresa, el asco, la ira, la alegría y la tristeza. Estas
emociones básicas son las que se manifiestan en las primeras etapas de la vida
de las personas. Cada uno de estos tipos de emociones tiene una función
específica. Partiendo de una emoción básica, en nuestro desarrollo como
personas y como consecuencia de la forma en la que procesamos nuestras
experiencias, aprendizajes, los contextos culturales o la socialización
(aspectos que van escribiendo nuestro libro de instrucciones), comenzamos a
construir “emociones complejas” y establecer diferentes comportamientos
emocionales (rueda de las emociones). Las emociones tienen un papel fundamental
sobre nuestra conducta. En psicología la conducta se define como el conjunto de
las acciones con que un ser vivo responde a una situación, y esa conducta puede
ser consciente o inconsciente, voluntaria o involuntaria, según las
circunstancias que la rodeen.
Rueda de las emociones (Robert
Plutchik, 1980)
La gestión de las emociones es fundamental para nuestra salud
mental y bienestar emocional. Una buena salud mental no implica estar feliz
todo el tiempo, es poder sentir toda la gama de emociones de forma adecuada.
También implica tener recursos emocionales propios que nos ayuden a sobrellevar
lo que sentimos y hacer algo ante ello. La estrategia más sana no es reprimir
la emoción, es aceptar ese sentimiento para que sea consciente y crear un
programa alternativo al que dirigir la atención tantas veces como sea necesario
para afianzarlo y darle la oportunidad de crecer. Toda la vida nos vamos a enfrentar
a emociones desagradables y debemos aprender a sentirnos cómodo con ellas y
manejarlas de forma correcta.
Por ello, es fundamental identificar las emociones, reconocerlas, comprenderlas, aceptarlas y conducirlas. Aprender a reconocer, acoger y relacionarnos con nuestras emociones nos sitúa en una mejor disposición para gestionarlas. Las decisiones que tomamos en la vida están condicionadas por nuestras emociones, a modo de ejemplo podemos ver que el enfado puede generar impaciencia y hacer que tomemos decisiones precipitadas. Con miedo, las decisiones pueden verse nubladas por la incertidumbre y la cautela, y puede llevarnos más tiempo decantarnos por una opción. Cuando sabemos cómo gestionarlas, podemos tomar decisiones más racionales y objetivas y nos ayudara a la hora de:
- Tomar mejores decisiones.
- Tener autocontrol.
- Relacionarnos mejor con los demás al reconocer también las emociones de los otros.
- Entender las situaciones y como suceden de forma real.
- Atender a nuestras necesidades y bienestar, mejorando así nuestra calidad de vida.
- Conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás.

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